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Biblia, Escuela Sabática
1 año atrás

Para Memorizar: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención” (Efe. 4:30). El Espíritu Santo tiene la habilidad única de guiar a los pecadores a darse cuenta de su verdadero estado de pecaminosidad. También despierta en nosotros un deseo de aceptar a Jesús y su perdón de nuestros pecados. El Espíritu Santo posee un poder sin igual para hacernos victoriosos y para capacitarnos a fin de reflejar el hermoso carácter de Jesús. Al mismo tiempo, este fuerte y poderoso Espíritu Santo puede ser resistido por los débiles pecadores. Él no nos fuerza a aceptarlo.